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Comentario
Aquel día había empezado mas o menos como todos. Un jolgorio de pájaros
alegres que revoloteaban en el jardín, despertó al pequeño Abderraman. La ventana de
su dormitorio estaba abierta de par en par, y el sol entraba con bondad, acompañado de
un suave aroma a primavera.
De fondo, y en el silencio de la paz palaciega de la mañana, se podía oír el rumor
del agua jugueteando en la fuente. Aquel sonido y algunos rayos de luz que se filtraban
por las minúsculas gotas de agua que escapadas flotaban por el ambiente,
proporcionaban a la estancia una agradable sensación de frescor.
A los pies del lecho donde el pequeño descansaba, sus concubinas habían dejado
algunas fuentes con fruta fresca, néctares, miel, frutos secos, leche y algunas tortas de
harina para que desayunara. Su padre militaba por la península, a la conquista de nuevas
tierras para el reino, así que no pondría demasiada atención en su clase de álgebra y
calculo. Sabía que nadie le tomaría la lección mas tarde.
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| Autor : Bermejo Martinez I. |
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