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Comentario
Para situar la figura de Roso de Luna en la historia del
pensamiento español hay que tener presentes varias líneas posibles a
la hora de interpretar su voluminosa obra.
Una de ellas sería el
espiritualismo no confesional
cuyo cultivo
siempre fue raro en una España dominada por el más arcaico de los
clericalismos. Otra estaría situada en torno a la
superación de la
corriente positivista
europea del siglo XIX. Corriente que en
nuestro país apenas rompía entonces los moldes del dogmatismo
social y cultural con la ayuda prestada por destacados intelectuales a
distintos gobiernos republicanos, y cuyo esfuerzo les hizo ciegos a
un panorama conceptual menos mecanicista que aparece cuando el
progreso deja de entenderse como réplica a una sociedad teocrática
y medieval
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