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Comentario
¿Conoces lo que desea tu corazón?
Hacía tiempo, cuando Kim Ford era estudiante, demasiado joven para estar en la
Universidad, alguien le había planteado esa pregunta durante una primera cita. Se había
sentido muy impresionada. Más tarde, cuando ya era menos joven, a menudo había
sonreído al recordar cuán cerca había estado esa persona de llevársela a la cama
aprovechándose del poder de convicción de una frase afortunada y del ambiente refinado
de un restaurante elegante. Sin embargo, ella se había encontrado sin respuesta.
Y ahora, no mucho mayor de lo que entonces era pero con los cabellos blancos y tan
lejos del hogar como jamás hubiera podido imaginar, Kim había hallado la respuesta a tal
pregunta.
Su corazón deseaba ardientemente que aquel hombre barbudo que se erguía ante ella,
con la frente y las mejillas tatuadas de verde, sucumbiera de muerte súbita y dolorosa.
Le dolía el costado donde él la había golpeado, y la más breve inspiración le causaba
un dolor lacerante. Desplomado junto a ella, con la sangre brotándole sin cesar de una
sien, yacía Brock de Banir Tal. Dada su postura, Kim no podía asegurar si el enano
estaba muerto o vivo, y si hubiera tenido en aquellos momentos la oportunidad de matar,
sin duda el hombre tatuado habría caído muerto. Casi cegada por el dolor, miró en
derredor. En la meseta los rodeaban aproximadamente unos cincuenta hombres, casi
todos cubiertos con los verdes tatuajes de Eridu. Bajó la vista y vio que el Baelrath estaba
apagado: sólo era una piedra roja en un anillo. No podía extraer de él ningún poder que
sirviera a sus deseos
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