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Comentario
¿Han visto esas casas del boulevard Otoño, sobre todo las que miran al este, esas
casas secas, frías, serias, pesadas con rejas pero sin jardines, con a lo sumo un patio
embaldosado como la vereda? En una de esas casas vive Ciro Vázquez Leiva, Cirito.
Excelente tipo, un poco cansino, pasablemente rico, casado con una mujer abrumadora
y exasperante, Fina Ereñú. Cada vez que Fina se va a Salta a ver a la hija y a los
nietos, y por suerte se va lo suficiente a menudo como para que él no enmudezca del
todo, Cirito deja de ir a la noche al jockey y ahí es cuando algunos amigos de esos que
interpretan correctamente las señales, van a la casa fría y seca y juegan al póker en el
comedor, Reuniones exclusivamente masculinas y hasta un poco solemnes en las que
se toma whisky con moderación y uno que otro café o litros de café si está Trafalgar
Medrano como el jueves pasado.
No es que yo haya estado allí porque como les digo las mujeres sobran, pero Goro
suele encontrarse en lo de Raúl con el Payo Gamen que sí estaba. Cirito tiene una
suerte infernal. Por lo menos eso es lo que dicen los amigos que no quieren reconocer
que lo que pasa es que obligado por las circunstancias ha desarrollado un infinito
sentido de la oportunidad y una habilidad infinita para distorsionar la verdad lo
necesario, apenas lo necesario. Y esa noche a pesar de que juegan con tanta
moderación como toman whisky, ganó montones de plata. Sobre todo a costa de Payo
y del doctor Flynn, el médico, no el abogado. Trafalgar Medrano que es más
circunspecto, salió mano a mano. Después de una revancha catastrófica el Payo dijo
basta y Flynn dijo sos un animal Cirito, y Trafalgar Medrano dijo ¿no hay más café?
Había. Los otros se sirvieron whisky y Cirito acomodaba las cartas. El Payo dijo que al
día siguiente él iba a llevar un naipe nuevo y alguien propuso que fuera español a ver si
al truco Cirito seguía arrasando con todo
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| Autor : Gorodischer Angelica |
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