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Comentario
Recurriendo a la metodología a que nos habituó, la socióloga chilena, tratando la información con rigor,
ilumina en un estilo sobrio y comunicativo el escenario en que se desarrolla el combate de un movimiento
que, por vías no violentas, adquirió gradualmente una dinámica propia, inconfundible. Hoy aparece cada vez
más como instrumento de transformaciones revolucionarias en la sociedad brasileña. Los actores de esa
revolución atípica en marcha reciben de la autora una atención especial.
En un país continente, con haciendas cuya área supera un millón de hectáreas, la mayor tiene 30 millones de
kilómetros cuadrados de superficie, o sea el tamaño de un país co mo Bélgica. Cito el pormenor para que el
lector perciba que el término latifundio es insuficiente para ayudarlo a comprender un cuadro de contornos
trágicos: el hambre secular de tierra de los campesinos que no la tienen.
La “única salida para los campesinos sin tierra
?
escribe Marta
?
era buscar formas de acción que les
permitiesen hacerse de ella allí donde vivían, sobretodo si se toma en cuenta que tierras no cultivadas
sobraban en todas las regiones del país [...].La ocupación se transforma en el principal instrumento de presión
y en la primera escuela de concientizació n política y de socialización de decenas de miles de campesinos”.
El MST, transcurridos 17 años después de fundado, consiguió asignar la tierra a unas 350 mil familias
campesinas mientras otras 100 mil están distribuidas por 500 campamentos, “esperando que llegue su día”.
La autora de
Los conceptos elementales del Materialismo Histórico
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no habría podido escribir este libro si no
hubiera adquirido un conocimiento profundo de los hombres y mujeres que hicieron posible la saga épica del
MST
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