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Comentario
El leer lo ocurrido en el periódico ya me dio una ligera idea de los horrores del asunto.
Por alguna razón, tuve el presentimiento inmediato de que se me pondría a trabajar en ese
caso y de que aquello no me iba a gustar. Naturalmente, podría estar ya resuelto a mi
regreso; era la tarde del penúltimo día de mis vacaciones. Pero no creí que pudiera ser
así.
Dejé el periódico y traté de olvidar lo que había leído, mirando a Marge. Incluso
después de cuatro años de matrimonio, me gustaba mirar a Marge.
Pero en esta ocasión no consiguió eliminar de mi mente lo que había leído. A través de
una línea de pensamiento secundaria, mi mente volvió al caso. Pensé en lo malo que sería
estar ciego y no poder mirar a Marge nunca más. La historia publicada en el periódico
hablaba de un hombre ciego..., un ciego que era el único testigo de un asesinato.
Marge levantó su mirada, me preguntó en qué estaba pensado y se lo dije. Se interesó
por el caso, y le conté los detalles; sólo pude hablar de lo que había publicado el
periódico.
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