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Comentario
Orientada hacia la cuestión del sentido del ser, la “destrucción” de la ontología
clásica debía primero hacer vacilar el “concepto vulgar” del tiempo. Se trataba de una
condición de la analítica del Dasein: éste es ahí por la apertura a la cuestión del sentido
del ser, por la pre-comprensión del ser; la temporalidad constituyente “el ser de un ser-
ahí (Dasein) que comprende el ser”, es el “sentido ontológico de la cura” en tanto
estructura del Dasein. Por esto, sólo ella puede dar su horizonte a la cuestión del ser. Se
comprende así la tarea asignada a Sein und Zeit, tarea preliminar y urgente. No sólo es
menester liberar la explicitación de la temporalidad de los conceptos tradicionales que
dominan el lenguaje corriente y la historia de la ontología, de Aristóteles a Bergson, sino
también dar cuenta de la posibilidad de esa conceptualidad vulgar, reconocerle un
“derecho propio” (Heidegger, Sein und Zeit, Tübingen, Niemeyer, 1957, p.18).
No se puede, pues, destruir la ontología tradicional sino repitiendo e
interpretando su relación con el problema del tiempo. ¿De qué modo una cierta
determinación del tiempo ha gobernado implicitamente la determinación del sentido del
ser en la historia de la filosofía? Heidegger lo anuncia desde el sexto parágrafo de Sein und
Zeit. Solamente lo anuncia; y a partir de lo que no considera todavía sino como un signo,
una señal un “documento externo”(ibid., p.25). Se trata de “la determinación del sentido
del ser como parousía o como ousía, lo que, en el orden ontológico-temporal, quiere decir
“presencia” (Anwesenheit). El ente se concibe, en cuanto a su ser, como “presencia”
(Anwesenheit), es decir, se le comprende por respecto a un determinado modo del
tiempo, el “presente” (Gegenwart)
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