 |
|
Comentario
Al principio la muchacha del Dauphine había insistido en llevar la cuenta del tiempo, aunque
al ingeniero del Peugeot 404 le daba ya lo mismo. Cualquiera podía mirar su reloj pero era
como si ese tiempo atado a la muñeca derecha o el
bip bip
de la radio midieran otra cosa,
fuera el tiempo de los que no han hecho la estupidez de querer regresar a París por la
autopista del sur un domingo de tarde y, apenas salidos de Fontainebleau, han tenido que
ponerse al paso, detenerse, seis filas a cada lado (ya se sabe que los domingos la autopista
está íntegramente reservada a los que regresan a la capital), poner en marcha el motor,
avanzar tres metros, detenerse, charlar con las dos monjas del 2HP a la derecha, con la
muchacha del Dauphine a la izquierda, mirar por el retrovisor al hombre pálido que conduce
un Caravelle, envidiar irónicamente la felicidad avícola del matrimonio del Peugeot 203
(detrás del Dauphine de la muchacha) que juega con su niñita y hace bromas y come queso,
o sufrir de a ratos los desbordes exasperados de los dos jovencitos del Simca que precede al
Peugeot 404, y hasta bajarse de los altos y explorar sin alejarse mucho (porque nunca se sabe
en qué momento los autos de más adelante reanudarán la marcha y habrá que correr para que
los de atrás no inicien la guerra de las bocinas y los insultos), y así llegar a la altura de un
Taunus delante del Dauphine de la muchacha que mira a cada momento la hora, y cambiar
unas frases descorazonadas o burlonas con los dos hombres que viajan con el niño rubio
cuya inmensa diversión en esas precisas circunstancias consiste en hacer correr libremente
su autito de juguete sobre los asientos y el reborde posterior del Taunus, o atreverse y
avanzar todavía un poco más, puesto que no parece que los autos de adelante vayan a
reanudar la marcha, y contemplar con alguna lástima al matrimonio de ancianos en el ID
Citroën que parece una gigantesca bañadera violeta donde sobrenadan los dos viejitos, él
descansando los antebrazos en el volante con un aire de paciente fatiga, ella mordisqueando
una manzana con más aplicación que ganas.
| |