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Comentario
Era en otoño. Por la gran carretera rodaban a
trote largo dos carruajes. En el primero viajaban dos
mujeres. Una era el ama: pálida, enferma. La otra, su
criada: gorda y de sanos colores. Con la mano
rolliza enfundada en un guante agujereado trataba
de arreglar los cabellos cortos y lacios que salían
debajo de su sombrero desteñido; su pecho erguido,
envuelto en una manteleta, respiraba salud; sus
vivaces ojos negros contemplaban unas veces, a
través de los vidrios, los campos en fuga, y otras
miraban a la dama tímidamente o se volvían con
inquietud hacia el fondo del coche. El sombrero de
la dama se balanceaba, colgado de un costado del
coche, frente a la sirvienta, que llevaba un perrito
faldero en su regazo. Los pies de ésta descansaban
sobre varios estuches esparcidos en el fondo del
vehículo, y chocaban a cada sacudida, a compás con...
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