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TROMBA DE AGUA


 
Comentario
Tromba De Agua Isaac Asimov Stephen Demerest contempló la trama del cielo. Mantuvo la mirada fija en él y el azul le pareció opaco y repugnante. Incautamente, puso los ojos en el sol, pues nada vino a cubrirlo de manera automática, y luego apartó la mirada a toda prisa, presa de pánico. No había quedado ciego; sólo seguía viendo destellos. Incluso el sol era deslavazado. Involuntariamente, recordó la plegaria de Ayax en la Ilíada de Homero. Están luchando sobre el cuerpo de Patroclo en medio de la niebla, y Ayax dice: —Padre Zeus, salvad a los aqueos de esta bruma! ¡Despejad el cielo, permitidnos ver con nuestros ojos! ¡Matadnos a plena luz, si matamos os complace!» —Matadnos a plena luz...—, pensó Demerest. —Matadnos a plena luz en la Luna, donde el cielo es negro y suave, donde brillan resplandecientes las estrellas, donde la limpidez y pureza del vacío ponen de relieve el contorno de todas las cosas. ...No bajo este azul algodonoso y pesado. Se estremeció. Un verdadero estremecimiento físico sacudió su cuerpo largo y delgado, y eso le molestó. Iba a morir. Estaba seguro de que así sería. Y, pensándolo bien, ello tampoco ocurriría bajo el azul, sino bajo el negro, pero un negro distinto. Como respondiendo a ese pensamiento, se le acercó el piloto del transbordador, bajo, moreno, de cabellos rizados, y le dijo: —¿Preparado para la oscuridad, señor Demerest? Demerest asintió. Su figura se alzaba muy por encima del otro, igual como le ocurría con la mayoría de los hombres de la Tierra. Éstos eran gruesos, sin excepción, y andaban con soltura, con sus pasos cortos y bajos. Él en cambio tenía que vigilar cada paso, guiarlos a través del aire; hasta el lazo impalpable que le mantenía pegado al suelo era compacto.
Autor : Asimov Isaac
 
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