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Comentario
La historia de la experiencia unitaria más prolongada de la izquierda en América Latina, la primera en que
comunistas y demócratacristianos forman parte de una misma coalición política y la única que ha logrado
ponerle trabas al proyecto neoliberal, que se implanta cada vez con mayor fuerza en nuestro continente,
forma parte del relato que a continuación presentamos.
Ella no surge por azar, es el producto de la situación que en aquel entonces vivía Uruguay. La agudización
de la crisis estructural de la década del sesenta, el auge del movimiento popular, la reacción autoritaria del
gobierno frente a esta explosiva situación; y las acciones de respuesta guerrillera urbana de los tupamaros
-que asombraron al mundo por su audacia y eficacia-, van produciendo cambios en la forma de pensar de
varios de los dirigentes progresistas de los partidos tradicionales. Se producen desprendimientos tanto en el
Partido Blanco como en el Colorado. El Partido Demócratacristiano, a su vez, consciente de la gravedad de
la situación, muestra su voluntad de aliarse hasta con el poderoso Partido Comunista uruguayo de aquella
época, siempre que éste fuese parte de una amplia gama de fuerzas dispuestas a buscar una salida para el
país por la vía institucional. De ahí su nombre: Frente Amplio.
Esa amplitud sólo se logró con renuncias mutuas y garantías recíprocas. Sin ellas jamás hubiese podido
conformarse una coalición de esa envergadura. El acuerdo de organizaciones políticas tan disímiles, para
llevar adelante un programa que permitiese sacar el país del caos en que estaba, no podía sino prescindir de
posiciones comunes en el terreno ideológico y en el internacional. La tolerancia pasa así a integrarse como
un elemento fundamental de la cultura de la izquierda uruguaya.
El parto no fue fácil, y en él jugó un destacado papel la intachable figura constitucionalista y amplia del
general Líber Seregni, quien había optado por el retiro para no ser copartícipe de las atrocidades que sus
compañeros de armas ya comenzaban a practicar.
Nacido en 1971, hace ya casi un cuarto de siglo, este plural agrupamiento político fue capaz de sobrevivir,
tanto a los intentos por destruirlo desde el exterior, como a las presiones de las propias fuerzas centrífugas
que en su seno se gestaron. Ni los embates de una cruenta dictadura militar que, durante más de diez años,
hizo todo por hacerlo desaparecer, persiguiendo, encarcelando y asesinando a sus cuadros políticos más
destacados y dirigentes del combativo movimiento social; ni la dolorosa división del 89, cuando sectores de
centro
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deciden apartarse y conformar otra coalición política
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; ni el derrumbe del socialismo y sus secuelas
de perplejidad, crisis de milita ncia, escepticismo; ni las vicisitudes por las que pasó y todavía está pasando el
Partido Comunista del Uruguay, pieza fundamental en la articulación política de dicha coalición, tanto con
sus sectores más extremistas, como con los más moderados, lograron herirlo de muerte.
Luego de superar con gallardía todas estas traumáticas experiencias, se presenta hoy como un poderoso
frente político de izquierda que, además de ganar por dos veces consecutivas el gobierno de la Intendencia
Municipal de Montevideo, donde reside la mitad de la población de Uruguay, se transforma en la tercera
fuerza política del país, a muy escaso margen de las otras dos. La carismática figura de Tabaré Vázquez
como candidato presidencial, la capacidad del Frente Amplio para volver a aglutinar a demócratacristianos
y fuerzas más avanzadas de los partidos tradicionales, en una coalición electoral que sobrepasara sus
fronteras
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, estuvieron muy cerca de llevarlo a la máxima responsabilidad de la nación
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