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Comentario
Dije en cierta ocasión que debería regresar una vez más al Yann a comprobar si el
Pájaro del Río
todavía lo recorre en ambas direcciones, si aún lo manda el barbudo
capitán, o si éste se sienta al anochecer en la puerta de la hermosa Belzoond a beber
el maravilloso vino amarillo que los montañeses bajan del Hian Min. Y que quería ver
de nuevo a los marineros procedentes de Durl y Duz, y oír de sus labios lo que le
aconteció a Perdóndaris cuando de súbito surgió de las colinas su perdición,
abatiéndose sobre aquella famosa ciudad. Y quería escuchar los rezos de los
marineros al anochecer, cada uno a su propio dios, y sentir la fresca presencia de la
brisa vespertina cuando el ardiente sol se pone en aquel exótico río. Pensé que nunca
más volvería a ver la corriente del Yann, mas cuando abandoné la política no hace
mucho tiempo, se fortalecieron las alas de mi fantasía, que antaño se habían debilitado,
y tuve esperanzas de volver a ver, una vez más, al este donde el Yann atraviesa el
País del Sueño como un orgulloso caballo de batalla blanco.
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