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Comentario
La magia es la excepción, no la regla -declaró el gondolero-. El universo es
rigurosamente lógico.
No es un sueño, pensó Clara, recostada en el asiento de la góndola. Si fuera un sueño,
yo misma tendría que inventar esas palabras, y ni siquiera las entiendo.
-Necesita la excepción para confirmarlo -continuó el gondolero-. Pero detesta la locura.
La locura es un abuso de la lógica. La magia es su confirmación.
Clara se dejó acunar por esas palabras que no entendía.
Atardecía.
La góndola surcaba el canal, los remos chapaleaban rítmicamente, una gloria de rojos y
dorados se derramaba sobre cúpulas y palacios. ¡Un atardecer en Venecia!
¿No era perfecto? Era lo que Clara siempre había deseado. Ese momento y ese lugar,
ese olor y ese resplandor. Un instante de eternidad. Y sin embargo no era perfecto. ¿Por
qué? ¿La luz carecía de intensidad? ¿Ella no armonizaba con la escena?
Clara tomó un espejo para mirarse.
-No te mires -dijo el gondolero, acomodándose la máscara-. Estás bellísima. No es
necesario que te mires en el espejo. Los reflejos atentan contra la magia. Aún no estás
preparada.
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