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Comentario
Uno de los que leyeron aquella mi correspondencia aquí publicada, a la que titulé
Mi
religión,
me escribe rogándome aclare o amplíe aquella fórmula que allí empleé de que
debe buscarse la verdad en la vida y la vida en la verdad. Voy a complacerle procediendo
por partes.
Primero la verdad en la vida.
Ha sido mi convicción de siempre, más arraigada y más corroborada en mí cuanto más
tiempo pasa, la de que la suprema virtud de un hombre debe ser la sinceridad. El vicio
más feo es la mentira, y sus derivaciones y disfraces, la hipocresía y la exageración.
Preferiría el cínico al hipócrita, si es que aquél no fuese algo de éste.
Abrigo la profunda creencia de que si todos dijésemos siempre y en cada caso la verdad,
la desnuda verdad, al principio amenazaría hacerse inhabitable la Tierra, pero
acabaríamos pronto por entendernos como hoy no nos entendemos. Si todos, pudiendo
asomarnos al brocal de las conciencias ajenas, nos viéramos desnudas las almas, nuestras
rencillas y reconcomios todos fundiríanse en una inmensa piedad mutua. Veríamos las
negruras del que tenemos por santo, pero también las blancuras de aquel a quien
estimamos un malvado
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| Autor : De Unamuno Miguel |
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