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Comentario
Señor:
Cumplo ahora la última voluntad de un muerto que vos obligasteis en su vida con un señalado
desprendimiento. Como era conocido por una infinidad de gente de espíritu por el fuego potente que ardía
en el suyo, fue absolutamente imposible el que muchas gentes ignorasen la desgracia que una peligrosa
herida, seguida de fiebre violenta, le produjo algunos meses antes de su muerte. Muchos han ignorado qué
buen demonio velaba por él; pero ha creído él que el nombre no debía ser tan público como fue
provechoso el lance. Vos fuisteis su amigo, vos le socorristeis con frecuencia y aun le habríais
testimoniado muchas veces cuán bien sabréis vos cuánta necesidad tenía él de vuestro socorro; pero, ¿qué
se ha de hacer, si otros hombres no hicieron como vos? ¿Y qué menos que os mostraseis así ante nuestro
amigo, vos que también parecíais magnánimo con cien más que no eran de su temple? Era, pues,
necesario imprimirlo, y que vuestra generosidad, distinguiéndole por encima de todos aquellos a quienes
tiene obligados, hiciese ver, no solamente, como dice Aristóteles, que no había degenerado, sino que se
había superado a sí misma en obsequio de tan gran personaje; así que, cuando durante su enfermedad vos
tuvisteis la bondad de darle tantas pruebas de vuestra protección y amistad, deteniendo con vuestros
cuidados y con las generosas asistencias que le prestasteis el curso de su mal, ya en términos tan
violentos, le prestasteis una tan poderosa protección que le dio a él esperanzas de lograr la que poco antes
de su muerte me encargó pediros para esta obra; por esta gran confianza y por estos últimos sentimientos
juzgaréis, señor, los que por vos sentía, pues en este trance de la muerte es cuando la lengua habla como
el corazón:
Nam verae voces tum demum pectore ab imo iliciumtur
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| Autor : Cyrano De Bergerac |
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